Muxía
Al recorrer Costa da Morte te sorprendes contemplando la expresión de la vulnerabilidad humana sucinta en cada violento golpe de mar contra las rocas. La fuerza de la Madre naturaleza evidencia la fragilidad de nuestra condición de seres necesitadxs de mimo, dulzura y compasión. Aspectos que sí nos brindan las playas de Muxía, a pesar de sus aguas frías, sus cíclicas mareas tranformadoras de paisajes y sus traicioneras corrientes.
Observar y conocer el medio en el que nos movemos aqui se vuelve imprescindible para sobrevivir. De repente la falsa sensación de control que puede habernos confundido y adormecido la atención en las grandes ciudades, desaparece aqui, obligándonos a recuperar un estado de alerta consciente que nos conecta con aspectos tan básicos como la mera supervivencia. Quizá por eso aqui la gente cuando te mira sientes que te ve el alma. Quizá por eso esta tierra está llena de mitos, leyendas y seres mágicos en sus relatos. La vida se convierte en un milagro, en un regalo y en un honor cuando cada dia al despertarte, el paisaje que te rodea te recuerda que a un paso, a un instante de desatención o inconsciencia, te espera, impertérrita y extrañamente sosegada, la muerte.
Límites son,
aquellos lugares en los que
sin dejar de ser yo,
sin dejar de respirar profundo
ni perder(me).
Me protegen dentro del
abrazo de ser yo misma.
Y al mismo tiempo.
Me sacuden
fuera del ahogo
del miedo a vivir(me).
Igual que el mar,
que mece sus olas
que tiene sus mareas,
y sus peleas.
Que esculpe las rocas
deshace las piedras,
y juega con las estrellas.
La vida
es aquel espacio
mecido por el fluir
del permanente vaivén
y comprendido
en el silencio
que vive
entre cada uno
de sus latidos.

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